Pepa Montes
Festival de La Mistela
Viernes, 21 de octubre de 2005. 2130h.
Teatro Municipal, Los Palacios y Villafranca (Sevilla)
Baile: Pepa Montes. Guitarra: Ricardo Miño. Cante: Segundo Falcón. Piano: Pedro Ricardo Miño. Artista invitado: Manuel Molina. Palmas: Bobote
Bajo el título “Bailaora” Pepa Montes lleva varios años presentando este espectáculo variado junto a su esposo, el guitarrista Ricardo Miño y el hijo de ambos, Pedro Ricardo Miño. Verás, antes salías al escenario y bailabas como buenamente podías, pero el nuevo mercado exige que presentes una “obra”, entonces si sólo quieres bailar sin necesidad de adaptarte a un guión, hay que buscar estos títulos genéricos que no comprometen, como “Bailaor” de Canales o “Eva” de la Yerbabuena.
Lo bueno de este sistema es que puedes ir modificando el producto fácilmente – lo malo es que la gente empieza a abstenerse porque “ya he visto esa obra”. El viernes 22 de octubre en el Festival de La Mistela, Pepa Montes gozaba y sufría de ambas circunstancias. Asientos vacíos delataban cierta falta de interés, pero por el lado positivo la “obra” ha ganado dimensión con la inserción de Manuel Molina haciendo de Manuel Molina, el mismo papel que ha desempeñado con Farruquito o Manuela Carrasco: el del cantaor filósofo, coro griego, guru o padrino. A estas alturas ¿quién no conoce esa imagen de Manuel con los brazos extendidos en cruz cual Cristo flamenco diciendo misa? Su intervención es puro ‘ange’, casi casi se pasa pero al final convence con versos originales (“…tanto que hablar y tan poco que decirnos…”, “…quisiera ser una horquilla de tu pelo…”) y la fuerza de su personalidad..
La famosa “escuela sevillana” que rinde constante homenaje a las formas y la tradición y hace gala de la bata de cola
Otra grata sorpresa ha sido la inclusión del cantaor Segundo Falcón, discreto y sincero, el de la voz limpia y dulce que logra momentos de mucha calidad si nos dejamos llevar un poco. Esta voz abrió el espectáculo con su interpretación de la caña con interesantes detalles originales para acompañar a la bailaora aludida en el título. Pepa Montes es de las más veteranas en activo dentro de su especialidad. Con 51 años pertenece a la generación de Manuela Carrasco, Milagros Mengíbar o Merche Esmeralda que igual que ella han salido de la academia de Matilde Coral. Es la famosa “escuela sevillana” que rinde constante homenaje a las formas y la tradición y hace gala de la bata de cola, un accesorio en peligro de extinción y que muchas jóvenes bailaoras rehúsan por considerarla un tópico.
Sale Pedro Ricardo Miño, se agacha y mete su cabeza dentro del piano para dirigirse al público. Se ve que no tiene otro micrófono, pero es una imagen la mar de curiosa, como si el joven dialogara con su instrumento. Da las buenas noches y anuncia “granaína”. La música es bella pero la personalidad de un piano no se sujeta al género flamenco con excesiva facilidad y cuesta sentir el palo prometido. Cuando Segundo Falcón canta unos interesantes fandangos de Huelva, el piano parece restar vida y sabor a este cante tan susceptible a las modificaciones. “Por bulerías” el piano es todavía menos convincente a pesar, insisto, de la belleza de la música y muchas palmas que den. Una guitarra puede matar el tiempo tocando compás, pero la reiteración armónica sin melodía queda simple y pelao en el piano que pisa fuerte y no ofrece las posibilidades de matización de una guitarra.
Vuelve Pepa con bata de cola blanca y mantón para bailar por alegrías a lo antiguo, pero la señora confunde “antiguo” con “anticuado”. Manuela, Milagros y Merche, las tres emes, han sabido renovarse dentro de la tradición nunca conformándose con lo que ha funcionado en el pasado, porque todo artista sabe instintivamente que las estéticas cambian sin que nadie lo desee, y con demasiada frecuencia lo valioso se convierte en trillado. Es un tema delicado hoy en día cuando una nueva generación de artistas reivindica la etiqueta “flamenco” para un sinfín de experimentos y sistemáticamente rechaza los antecedentes históricos. Pepa Montes es el otro extremo y me remito a la elocuencia de uno del público que comentó decepcionado a la salida: “se parece a estas muñecas bailaoras que antes se ponían encima del televisor”. Pepa Montes recrea el pasado reciente del baile flamenco, los años setenta cuando los turistas, extranjeros y nacionales, acudían en grupo a los tablaos y entre sorbitos de sangría aplaudían efusivamente el taconeo, las agresivas palmas, repetidas aceleraciones y repentinas paradas que ponían la pauta.
Un breve fin de fiesta con la intervención de una bailaora no identificada en el programa de repente nos devuelve al presente con el excelente baile por bulerías…¡y eso que no ha bailado Bobote! Como cada noche la fiesta seguía en la peña local con un recital de la jovencísima cantaora Lidia Montero y la intervención sorpresa del gran cantaor veterano Enrique el Extremeño.