|
A mediados del siglo XV, cuando la Reconquista de la España
musulmana parecía estar a punto de terminarse, tuvieron lugar
unos acontecimientos importantes en los movimientos demográficos
de las ciudades del suroeste de Andalucía. El suburbio o
arrabal de Triana situado más allá de los muros de
Sevilla, al otro lado del río Guadalquivir, experimentó
un crecimiento considerable y tres nuevos arrabales similares surgieron
en Jerez de la Frontera y Cádiz. Estos fueron San Miguel
y Santiago en Jerez, y Santa María en Cádiz. Siglos
más tarde, mucho después de haber sido otorgada la
condición de 'barrios', estos tres distritos, además
de la misma Triana, fueron los centros más importantes de
la población y cultura gitanas de Andalucía.
Los gitanos se interesaron por
ciertas
tradiciones de esa muchedumbre abigarrada
Entonces parece sumamente probable que cuando los gitanos andaluces
abandonaron el nomadismo en alguna época sin precisar del
siglo XVI o XVII, optaron por instalarse en estos nuevos centros
urbanos, además de en Triana, un barrio más antiguo
donde han permanecido sus descendientes a través de los siglos,
y donde sigue habiendo un número importante de ellos a pesar
de ciertas alteraciones urbanísticas en algunos sectores.
Es probable que estas personas no tuvieron opciones viables: las
ciudades amuralladas eran vedadas por la noche para las minorías
que eran consideradas posiblemente peligrosas y que de esta manera
fueron tajantemente "invitadas" a limitarse a los distritos
extramuros. También existen pruebas que indican la propensión
a un intercambio cultural entre algunas de aquellas minorías
cuyo lugar dentro del esquema social era ambiguo o incierto: juglares
y trovadores, los descendientes de los esclavos africanos, la anterior
servidumbre de los musulmanes que vagabundeaba sin amo, y más
tarde, los musulmanes conversos, o moriscos. Los gitanos se interesaron
por ciertas tradiciones de esa muchedumbre abigarrada que empezaban
a perder su habitual modo de transmisión, pero no su atractivo
popular, y las cuales entraron a formar parte del conjunto que llegó
a llamarse "flamenco".

Hoy en día un breve paseo por Jerez desde el Alcázar
permite seguir los restos y los recuerdos de sus muros, en sentido
contrario a las agujas del reloj, de la siguiente manera: noroeste
de Arenal, luego las calles Agustín, Larga, Por-vera, Ancha,
Muro, Ronda del Caracol, Puerta de Rota, y de nuevo al Alcázar.
El arrabal de San Miguel se desarrolló en el lado sur de
la ciudad amurallada, con vistas hacia el río Guadalete y
hacia el este y el sur. El arrabal de Santiago se encontraba en
el otro lado al norte de la ciudad, con acceso directo al abanico
de tierras fértiles que se extienden entre Rota y Lebrija.
Hoy en día el barrio de Santiago se centra en las calles
Merced, Nueva, Cantarería, Taxdirt (antiguamente De la Sangre)
y Marqués de Cádiz, mientras que el barrio San Miguel
se extiende hacia el oeste de la Plaza San Miguel e incluye las
calles Empedrada, Álamos, Sol y Corredera. A menudo los gitanos
de San Miguel se refieren al barrio como la "Plazuela"
- una pequeña plaza de la mente.
A menudo los gitanos de San Miguel se refieren al
barrio como la "Plazuela" - una pequeña plaza de
la mente

Plazueleros: Loco Mateo, Serneta, Agujetas padre, Chacón
Un interesantísimo aspecto de estas condiciones es la distribución
asimétrica del cante entre los dos barrios, no tanto en términos
numéricos sino en sendas características, como se
observan en las respectivas formas del cante y las grandes figuras.
A San Miguel pertenecieron Manuel Molina, el creador de cinco siguiriyas,
casi todas impresionantes; el Loco Mateo que dio un nuevo giro a
la siguiriya; Diego el Marrurro que creó la más conmovedora
de todas; y Joaquín la Serna que abogó por una vuelta
a la austeridad y la altivez. También de San Miguel fue la
inmensa figura de Merced la Serneta que reconfiguró la soleá
centrándola en las emociones, principalmente en Utrera por
cierto, aunque mantuvo sus enlaces con San Miguel y volvió
a menudo al barrio. También de San Miguel, pero muy a lo
suyo, fue el cantaor no gitano Antonio Chacón cuya creatividad
tomó otros senderos aunque grabó un número
de cantes de la Serneta, Manuel Molina y Marrurro, todos paisanos
suyos de San Miguel. Tampoco se cierra el desglose con estos nombres.
Entre los grandes cantaores grabados, algunos de los cuales dejaron
su impronta en determinados cantes, se sitúan Manuel Torre,
Agujetas padre, Manuel Agujetas, Rubichi y el Tío Juane.
También Juanito Mojama era de San Miguel, pero en sus venas
corría también sangre de Santiago.
El gran logro acumulativo de San
Miguel
se inclina hacia la expresión poderosa
de la pena más profunda y desnuda
El gran logro acumulativo de San Miguel se inclina hacia la expresión
poderosa de la pena más profunda y desnuda - el cante como
una invitación a la exacerbación - con toques frecuentes
de rebeldía u ocasionales de altivez. Por supuesto hay excepciones:
se trata de un nido de individualistas. Y siempre la Serneta queda
como punto y aparte: su genio nació de su feminidad y hubiera
dado fruto en cualquier lugar, pero la misma urgencia emotiva de
los cantes que nos ha dejado probablemente proviene de San Miguel.
Los logros del barrio de Santiago son muy diferentes. El área
adquirió importancia algo más tarde con Paco la Luz
cuya siguiriya principal llegó a representar un modelo de
clasicismo en la evolución de este cante. Dicho cante fue
desarrollado con infinita discreción por José de Paula
cuya capacidad para limitarse a lo esencial sin una sílaba
o nota superflua es inigualable. Pero el legado de Santiago también
adquirió una dimensión colectiva con una red de familias
que desplegaba una concentración de cantes y una galaxia
de grandes cantaores: Antonio Frijones, Juanichi el Manijero y El
Gloria entre los creadores; Borrico, Terremoto, Sernita, los Pableras
y los Sorderas, además de los talentos más actuales,
José Mercé, Fernando de la Morena, Luis el Zambo y
otros. La aportación colectiva de Santiago es menos dramática
y menos apasionada que la de San Miguel, pero es notable por otros
motivos. En Santiago la pena profunda es simultáneamente
expresada y controlada, y la disciplina sustituye la exacerbación.
Asimismo, mientras que San Miguel ofrece una serie de individualistas,
Santiago se compone de dinastías en las cuales determinadas
formas, además del cante en sí, se convierten en tesoros
de familia y una herencia colectiva.
En Santiago la pena profunda es
simultáneamente expresada y controlada

Santiagueros: Sordera, Borrico, El Gloria, Sernita
Comparemos brevemente las diferencias entre los cantes festivos.
Mientras que los de Santiago disparan una serie aparentemente inagotable
de bulerías, en San Miguel parece que se prefiere la forma
más austera de la bulería por soleá (o para
escuchar). También en Santiago las bulerías han eclipsado
incluso aquellos dos cantes fundamentales en las bodas gitanas,
los romances cantados (o corridos), y las alboreás.
Evidentemente hay que resistir el impulso de buscar causas para
todo lo que acontece a nuestro alrededor, pero en este caso no es
necesario ir demasiado lejos para encontrar las respuestas. San
Miguel se ha quedado dentro de la ciudad, rodeado de perspectivas
urbanísticas - los oficios de herrero y carnicero - probablemente
tan confinados como aquellos de Triana; pero Santiago ha gozado
de otras posibilidades aprovechándolas al máximo.
En algún momento que no se puede precisar del siglo diecinueve,
posiblemente antes, los grandes terratenientes jerezanos empezaron,
año tras año, durante largas temporadas, a contratar
equipos de gitanos, o gañanías, organizadas en torno
a las familias o incluso las calles, coordinadas por los capataces
gitanos, o manijeros. Esto representaba un trabajo muy duro a lo
largo de muchos meses, con escaso pago y unas condiciones de vida
austeras en las grandes barracas de los cortijos, pero era una vida
sensiblemente mejor que las condiciones precarias de la vida en
la ciudad donde el hambre era una constante. Por las noches o cuando
el tiempo imposibilitaba el trabajo, el recurso más a mano
y que nunca fallaba era el cante, sin guitarra pero ocasionalmente
con baile, y estos valores compartidos de la comunidad llegaron
a formar parte de la vida en el barrio. Los cantes se limitaban
a siguiriyas, soleares y bulerías, con ocasionales tonás:
son los cantes más practicados por los gitanos entre ellos.
Por las noches o cuando el tiempo
imposibilitaba el trabajo, el recurso más
a mano y que nunca fallaba fue el cante
La industrialización de la labor agrícola acabó
en gran parte con este estilo de vida en la década de los
sesenta, pero ya para entonces los gitanos de Santiago habían
experimentado un cambio social. Habían sido valorados, se
había confiado en ellos, eran respetados y eran libres para
cultivar "lo suyo". Algunos de los terratenientes incluso
habían desarrollado un auténtico interés en
el cante, mientras que otros se habían ocupado de que la
capacidad intelectual de los gitanos no quedara desaprovechada.
Sin llegar a ser asimilados del todo, los gitanos de Santiago se
han integrado plenamente en la sociedad, y parece que no queda entre
ellos ningún recuerdo de la época anterior de persecución.
Pierre Lefranc
Fuentes: La información aquí expuesta de
forma muy resumida procede de investigaciones en curso y de: mi
libro Le Cante Jondo/ El Cante Jondo [...] (Niza y Sevilla, 1998,
2000, 2001); Ladero Quesada, Andalucía a fines de la Edad
Media (Cádiz, 1999); Pasqualino, Dire le Chant [...] (Paris,
1998); los recuerdos de La Piriñaca y del Borrico como vienen
publicados por José Luis Ortiz Nuevo (1977, 1984); Álvarez
Caballero, Gitanos, Payos y Flamencos, [...], Madrid, 1988; de La
Plata en Historia del Flamenco, i.185-95; los vídeos relevantes
de la serie televisiva Rito y Geografía [...]; y la sección
referente a Jerez del vídeo Un Voyage andalou, mencionado
en mi lista de películas. Para Mojama, vean Ramón
Soler Díaz en Candil, 127 (2000), y le quedo muy agradecido
por algunos detalles todavía sin publicar.
Pierre
Lefranc fue Profesor de Literatura Inglesa en varias universidades
de Francia, América del Norte y África. Su interés
por el flamenco comenzó en 1955 y cerca de dos horas de grabaciones
realizadas por él entre 1961 y 1964 están incluidas
en la antología Historia del Flamenco (Tartessos). Es autor
del libro El Cante Jondo publicado en francés (Facultad de
Letras de Niza, 1988) y en castellano (Universidad de Sevilla, 2000,
2001).
|